Una joven prisionera en Pisagua, después de cincuenta años, se convierte en protagonista de una obra de teatro que relata su historia: “La Niña y el Toro”. Y nos enseña, a través del relato, que es posible abordar el dolor y la pérdida con una mirada esperanzada, que restaña las heridas y que hace de la resiliencia su razón de ser.


















